Desde sus primeros viajes hasta la experiencia actual, el subte forma parte del pulso cotidiano de la ciudad. A lo largo de las décadas, distintas generaciones lo habitaron, lo transformaron y lo hicieron propio. Esta es la historia del subte contada por quienes lo viven a diario.
REDACCIÓN ROGGIO FUTURO

Hay historias que no están en los libros, sino en los andenes. El subte fue testigo del paso de distintas generaciones que lo hicieron parte de su vida cotidiana. Mirar su historia desde ese recorrido humano permite entender por qué sigue siendo un símbolo de la ciudad, y de la vida de las personas. Hoy escuchamos la historia de Belén, Manuel y Vera.

Belén es una bailarina jubilada de 45 años. Desde los 11 años se dedicó a la danza,  se formó en el Teatro Colón, y fue parte del elenco estable del Teatro Nacional de la Plata hasta su jubilación durante el transcurso del año 2025. “Una vez que me mudé a Plaza Italia el subte se convirtió en mi gran aliado porque al tener que trabajar en La Plata (provincia de Buenos Aires) todos los días, era la manera más fiable de acercarme a la autopista y que el trayecto fuese mucho más eficiente, fácil de predecir porque me permitía cronometrar hasta Catedral. Era muy confiable el servicio. Era ir a lo seguro, al menos la línea D. También lo usé bastante para ir a Facultad de Medicina haciendo actividad docente en la facultad de Ciencias Económicas. Me ayudaba mucho de antemano saber cuánto iba a tardar, y que no me iba a fallar”

“Volviendo de La Plata me resultaba el medio como más cómodo, rápido, eficiente ya que llegaba cansada de laburar todo el día y me facilitaba un montón sin escala para estar en casa sin depender del tráfico.  Si venía muy lleno en hora pico desde Catedral sabía que esperando 3 minutos más me lo tomaba menos lleno y viajaba sentada seguro y era un viaje ameno, muchas veces iba leyendo, incluso un gran aliado para viajar con mis hijos”.

Manuel tiene 71 años, durante su vida profesional trabajó como comerciante: tuvo verdulería  y ferretería. Vino de Galicia (España) hace 50 años y vive en el barrio de Caballito, muy cerca de la estación Acoyte de la línea A. 

“Soy jubilado y uso el subte casi todos los días para moverme por la ciudad. Para mí es una gran ayuda: es rápido, seguro y me permite llegar a mis turnos médicos, hacer trámites o visitar a mi familia sin depender de nadie. Además, con el beneficio de la tarifa para jubilados, puedo ahorrar y organizar mejor mis gastos. El subte me da autonomía y tranquilidad, y me permite seguir activo y conectado con la ciudad.”

Vera tiene 14 años y es estudiante del Colegio Nacional Buenos Aires. Vive en el barrio de Parque Chas junto a su mamá y su gata. “Durante todo el colegio primario mi mamá me llevaba y me traía del colegio pero al ingresar al Nacional sabíamos que la cercanía con el subte iba a ser el medio para ir y volver del colegio. A todo esto en el sorteo de los turnos a mí me tocó de noche por lo cuál volver en la última formación del sute del día junto a mis compañeros le da tranquilidad a mí mamá que me espera en casa y no tiene la necesidad de ir hasta el colegio en el centro todos los días”. 

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