Medir, reducir y compensar: así construye Benito Roggio Ambiental su camino hacia la carbono neutralidad. Juan Pablo Weihs cuenta cómo integrar sustentabilidad, calidad y ambiente transforma los datos de emisiones en decisiones concretas.
REDACCIÓN ROGGIO FUTURO

Medir, reducir y gestionar las emisiones se convirtió en una prioridad para las organizaciones. En Benito Roggio Ambiental, el camino hacia la carbono neutralidad combina medición de la huella, eficiencia operativa, innovación y una mirada transversal sobre el negocio. Juan Pablo Weihs, responsable de Sustentabilidad, Calidad y Ambiente, explica cómo se está construyendo esa hoja de ruta.

La carbono neutralidad dejó de ser una meta asociada exclusivamente a las grandes industrias para convertirse en un desafío transversal para las organizaciones. En el sector de la gestión ambiental, donde las operaciones involucran flotas, consumo energético, tratamiento de residuos y múltiples instalaciones, avanzar en esa dirección supone un desafío particularmente complejo: conocer con precisión dónde y cuánto se emite para luego poder actuar sobre esas fuentes.

En Benito Roggio Ambiental (BRa), este proceso forma parte de una estrategia que busca integrar sustentabilidad, calidad y ambiente bajo una misma gestión. Para Juan Pablo Weihs, responsable de estas áreas, la decisión responde a la necesidad de tener una mirada integral sobre las operaciones y alinear los objetivos ambientales con los del negocio.

“La carbono neutralidad no es una meta que se alcanza de manera inmediata, sino un proceso gradual que requiere medir, gestionar y reducir, para luego compensar aquellas emisiones que no puedan evitarse”, explica Weihs.

La construcción de una estrategia de descarbonización comienza por una pregunta básica pero determinante: ¿cuánto se emite?

Para responderla, BRa trabaja en la elaboración de inventarios de gases de efecto invernadero utilizando metodologías internacionalmente reconocidas. El proceso implica identificar las fuentes de emisión, relevar información de las operaciones, aplicar factores de cálculo estandarizados y validar los resultados.

Más que obtener un número, el objetivo es convertir esa información en una herramienta de gestión. “La medición nos permite conocer dónde están nuestras principales oportunidades de mejora y orientar las acciones de reducción con criterios objetivos”, señala Weihs.

La compañía ya cuenta con un antecedente concreto. Las operaciones de Cliba en Buenos Aires, Neuquén y San Isidro obtuvieron la certificación de carbono neutralidad, un proceso que permitió avanzar en la experiencia y en la construcción de metodologías que ahora pueden extenderse a otras unidades de negocio. El desafío actual es consolidar una línea de base organizacional, ampliar el alcance de los inventarios e identificar las principales oportunidades de reducción para construir una hoja de ruta de descarbonización.

De la medición a la reducción

Medir las emisiones es apenas el comienzo. El verdadero desafío está en transformar esa información en decisiones operativas.

En una actividad tan diversa como la gestión ambiental, las fuentes de emisión se encuentran distribuidas entre distintas operaciones y territorios. Por eso, avanzar hacia la carbono neutralidad requiere actuar sobre diferentes variables: optimizar consumos energéticos, incorporar nuevas tecnologías, modernizar flotas y desarrollar soluciones que permitan reducir las emisiones. Pero también exige mirar más allá de las propias fronteras de la compañía.

Clientes, proveedores y otros actores de la cadena de valor tienen un papel relevante, ya que buena parte de los desafíos vinculados con la descarbonización requieren coordinación y soluciones compartidas.

En este sentido, la sustentabilidad comienza a funcionar como un criterio que atraviesa la gestión cotidiana y no como una agenda independiente. La integración de sustentabilidad, calidad y ambiente busca justamente consolidar esa mirada transversal.

Para Weihs, hablar de sustentabilidad dentro de una empresa ambiental implica aplicar internamente los mismos principios que forman parte de sus soluciones: gestionar responsablemente los recursos, medir impactos, promover entornos de trabajo seguros, fortalecer la transparencia y generar valor económico, ambiental y social.

En ese esquema, la calidad cumple un papel fundamental. Los sistemas de gestión, las certificaciones y las auditorías permiten transformar compromisos generales en procesos concretos, medibles y verificables.

Las normas aportan, además, un marco de mejora continua que permite que los objetivos ambientales no dependan exclusivamente de iniciativas aisladas, sino que formen parte de la gestión cotidiana de las operaciones.

El camino hacia la descarbonización también se expresa en proyectos concretos.

Uno de los casos que destaca Weihs es el trabajo realizado en torno a la captación y valorización del biogás generado en el Complejo Ambiental Norte III. El proyecto busca aprovechar el metano generado por la descomposición de los residuos y contribuir, mediante su captación y tratamiento, a la mitigación del cambio climático.

A esta iniciativa se suman otras líneas de trabajo vinculadas con la eficiencia energética, la incorporación de energías renovables —como la generación eléctrica mediante paneles solares fotovoltaicos—, la gestión responsable del agua y la recuperación de agua de lluvia y aguas regeneradas.

La economía circular constituye otra de las dimensiones de esta estrategia, a través de la minimización y valorización de los residuos generados por las propias operaciones.

Así, la agenda climática no queda limitada al cálculo de emisiones: se conecta con la eficiencia de los procesos, la innovación tecnológica y la capacidad de transformar recursos que antes eran considerados residuos.

Una estrategia que atraviesa el negocio

La nueva estructura de gestión busca que estas iniciativas no funcionen como proyectos independientes, sino que formen parte de una estrategia común. La gerencia tiene un rol transversal: establece estándares, metodologías y objetivos, acompaña a los equipos operativos, identifica oportunidades de mejora, fortalece la gestión ambiental y promueve proyectos orientados a aumentar la eficiencia y reducir riesgos.

El objetivo es que la sustentabilidad se incorpore progresivamente a las decisiones de cada unidad de negocio. El próximo desafío para BRa será profundizar esa integración: ampliar la medición de emisiones, avanzar en planes de reducción, incorporar nuevos indicadores y fortalecer la gobernanza de la sustentabilidad en todas sus unidades.

El camino hacia la carbono neutralidad, en definitiva, empieza mucho antes de compensar emisiones. Empieza por medir, entender dónde están los impactos y transformar esa información en decisiones capaces de modificar la manera en que funciona el negocio.

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