Las imágenes son tantas, que los ojos de Emilio Gill brillan de una manera especial. Los recuerdos se presentan en una secuencia que repasa obras, momentos, lugares e historias de muchas personas. El recorrido va directo al corazón y enciende sus emociones, en un camino que comienza en aquel lejano primer día dentro de Roggio en Paraguay, en 1984, cuando ingresó como Auxiliar de Mantenimiento, hasta su función actual como Gerente Comercial, con las responsabilidades multiplicadas.
Sobre la mesa de la charla se intercalan conceptos que lo movilizan: gestión, solución, confianza, trabajo, honestidad, compromiso, identidad, crecimiento y familia. Habla de proyectos, de procesos, de la responsabilidad de ser un equipo.
Roggio, capítulo 1
En sus inicios vivió una situación muy particular. “Entré a la empresa el 1 de noviembre de 1984. En esa época, el día de todos los santos era feriado, lo que significa que mi primer día en Roggio fue feriado”, cuenta entre risas. Emilio Gill recuerda que lo contrataron para sumarse al equipo de una obra vial con epicentro a 50 km de Asunción: “Desvío San Bernardino – Caacupé”. El obrador estaba arriba, en una loma, y había que recorrerla. “Me veo caminando para llegar, con todas las emociones del primer día”, dice.
Su foja de servicios indica que había perdido el trabajo que tenía en Asunción y en Caacupé, de donde era su futura esposa, le comentaron que Roggio tenía una obra. Se hicieron los puentes de contactos, lo citaron para una entrevista con el Jefe de Mantenimiento y surgió la oportunidad de ingresar. ¿Primera tarea? Controlar las horas de trabajo de las máquinas y realizar el seguimiento del mantenimiento de los equipos, para estar atento al cambio de aceite.
En el túnel del tiempo
Irse o no, ésa es la cuestión. “Una vez, me hicieron una oferta para ir a otra empresa, como capataz de obra. Necesitaba decidir y hablé con el ingeniero Oscar Franco (Gerente General), quien me ayudó a ver que el ofrecimiento era para trabajar en algo que no era lo mío. ‘Te espera otra cosa’, me dijo. Y acá estoy”.
¿Abajo del escritorio? Emilio Gill recuerda que, en aquel entonces, Roggio tenía una estructura más chica y le tocaba hacer varias cosas. Entre las que estaban en su radar, se destacaba golpear todas las puertas necesarias en el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC): ahí lo esperaban las gestiones ante los problemas, cobranzas, cambios de proyectos, seguimiento de expedientes…“Hace como 20 años, el Director de Vialidad me dijo: ‘Emilio, cuando llego cada mañana, reviso a ver si no estás debajo de mi escritorio”, comentó entre risas.
Cavialpa. “Con Oscar Franco fundamos la Cámara Vial Paraguaya (Cavialpa) y fuimos mejorando la relación con los colegas para generar confianza y empatía. Ahí, llegué a ser presidente en dos períodos.
Emilio recuerda que entre sus funciones le tocaba golpear todas las puertas necesarias en el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones. “Hace como 20 años, el Director de Vialidad me dijo: ‘Emilio, cuando llego cada mañana, reviso a ver si no estás debajo de mi escritorio”, comentó entre risas.
Roggio, a través del tiempo
Emilio piensa. La pregunta indaga sobre qué versiones de Roggio en Paraguay vio a lo largo del tiempo, entre los orígenes artesanales y el mundo profesional de hoy. “Con Oscar Franco, lo primero que hicimos fue consolidar a Roggio como una empresa paraguaya, con identidad propia, más allá de los orígenes en Argentina y del apoyo que siempre tuvimos. Advertíamos la necesidad de ser nosotros mismos para fortificarnos con nuestra manera de trabajar”, subraya.
Una cuestión estratégica para lograr ese objetivo fue transformar a las firmas locales, que eran competidoras, para alinearlas como aliadas y transitar, todas juntas, el proceso de crecimiento.
“Desde esos contratos, comenzamos a trabajar solos o asociados con paraguayos. Generamos empatía con otras empresas, que veían en nosotros las capacidades para liderar la evolución. Fue la maduración para adaptarnos definitivamente a la realidad de Paraguay”, reflexiona.
La cuestión es ¿se aprende más en los errores o en los aciertos? Emilio remarca que es amplio, pero prefiere detenerse en la oportunidad de gestionar cambios a partir de los aciertos, porque rompe límites. “Cuando comprobamos que sí podíamos hacer las cosas, hubo cambios importantes”, recuerda.
Caminos que se abren
Ir al gimnasio y jugar cada tanto al tenis, se suman a la terapia de salud que se refuerza cuando evita los noticieros y los programas de televisión que le generan angustia y preocupación. Cuando lo logra, el Gerente Comercial vuelve a ser Emilio, el esposo de Miryam, papá de Sebastián y Mauricio, el abuelo cariñoso e hincha de Olimpia, que renuncia a todo cuando en su universo se presentan sus nietas.
Emilio Gill dice que la familia lo contiene, lo calma y le devuelve la paz para arrancar de nuevo. “Las ideas de liderazgo, responsabilidad y superación no cambian, pero hay que adaptarse a los tiempos que corren porque es necesario comprender a las nuevas generaciones. Debemos trabajar y ser una guía para los jóvenes, desde la motivación y el respeto para que se sientan cómodos con lo que hacen”.
Lo firma Emilio Gill, el Asistente de Mantenimiento que llegó a Gerente Comercial abriéndose camino desde la cultura del trabajo.