Desde el martes 19 de agosto, Día Mundial de la Fotografía, quince fotógrafos exhiben sus trabajos. La selección se realizó entre más de 160 postulantes que respondieron a una convocatoria abierta a profesionales y aficionados interesados en retratar la vida cotidiana y los espacios del sistema de transporte urbano.
La segunda edición de la muestra organizada por Emova permite descubrir diversos enfoques sobre el uso del transporte y se desarrolla como una galería móvil en la red de subterráneos, entrevistamos a las curadoras Ana Bonelli Zapata y Cecilia Gallardo.
¿Qué criterios tuvieron en cuenta a la hora de seleccionar las obras entre tantas postulaciones?
Se tuvo en cuenta tanto la calidad técnica de los portfolios como el ajuste de la memoria conceptual a lo propuesto por la convocatoria, y la factibilidad de los proyectos a desarrollar en los recorridos propuestos por EMOVA. Se buscó también la diversidad de estilos, miradas, propuestas y trayectorias
¿Cómo describirían la diversidad de miradas y estilos que lograron reunir en la exposición?
La diversidad se manifiesta por un lado en las herramientas técnicas que cada fotógrafo eligió para componer sus imágenes, como la cámara (por ejemplo el caso en se eligió utilizar una cámara estenopeica o el teléfono celular), las velocidades de obturación que permiten congelar el movimiento o generar “barridos”. Por otro lado se puede ver también una gran diversidad en los elementos conceptuales y formales que permiten expresar sensaciones o ideas: los colores, las formas, los gestos, o la relación de la figura humana con el espacio.
¿Qué lugar ocupa el Subte como escenario o inspiración artística?
Los cambios en la percepción espacio-temporal, sumado a un nuevo tipo de viaje donde lo masivo y popular tensiona la experiencia individual han generado una gran fuente de inspiración para artistas de diversas disciplinas, como un espacio alternativo, donde se une la magia con la tecnología moderna. A ello se suma cierto misterio que genera “la vida subterránea”, lo “desconocido”. En este caso en particular creemos que fue muy importante la propuesta de acceso a lugares vedados a los usuarios, así como el conocer el mecanismo detrás del mismo viaje.
¿De qué manera esta experiencia se diferencia de otras curadurías en museos o galerías?
El espacio en el que se realiza la exposición es sumamente inusual, al salirse del lugar típico donde uno sabe que va a encontrarse con obras artísticas. Las fotografías expuestas representan el mismo espacio en el que se exponen, un espacio a la vez frecuentado por los usuarios, por lo que generan un desafío y un juego imposible en los espacios expositivos tradicionales.
¿Qué esperan que sienta o descubra el público al encontrarse con estas imágenes durante su viaje?
Esperamos que el espectador sienta, sobre todo, que sale de la rutina. El viaje en transporte público suele ser un transcurrir inercial, buscamos que el encuentro con las fotografías generen una pausa, y, al detenerse, una invitación a volver a mirar y a sorprenderse.
Por otro lado, buscamos también un reconocimiento no sólo a los fotógrafos seleccionados, sino a la práctica artística como aquella que permite repensar y cambiar la realidad.
¿Qué les sorprendió o emocionó al ver la gran cantidad de propuestas recibidas?
Creemos que la cantidad de propuestas puede expresar, de alguna manera, el éxito o repercusión del concurso del año anterior. En el campo artístico es muy importante la transmisión oral de las experiencias.
¿Hubo alguna obra o serie que marcó especialmente la selección por su enfoque o técnica?
Las series que utilizaron técnicas no convencionales (como la cámara estenopeica o la cianotipia) nos interpelan especialmente, debido a nuestros intereses profesionales como investigadoras y docentes. Las fotografías que fueron seleccionadas para integrar la muestra virtual y física fueron aquellas que pudieron representar la experiencia del usuario del Subte, con diferentes recortes, atendiendo a lo humano y afectivo.
¿Qué desafíos tiene curar una muestra en un espacio tan particular como el Subte?
El principal desafío es técnico. Al no ser un lugar especialmente preparado para exposiciones fotográficas cuestiones como la iluminación, el material de montaje y de impresión. El otro desafío es lograr que el usuario llegue realmente a una experiencia estética en un espacio con una gran cantidad de estímulos visuales y sonoros. Para resolverlo juegan tanto los elementos técnicos como las mismas fotografías seleccionadas.
¿Qué lugar creen que ocupan estas iniciativas culturales en la vida cotidiana de la ciudad?
Que es vital recuperar la experiencia estética en la vida cotidiana. La posibilidad de disfrutar algo (música, imágenes, etc.) sin la obligación de ser productivos nos permite, como seres humanos, recuperar nuestra capacidad creativa, con todas las ventajas que eso conlleva.
Que la iniciativa haya venido de una empresa privada y vinculada a un servicio público y esencial como es el Subte, que nos hayan seleccionado como investigadoras de un organismo estatal como CONICET, y que se haya buscado incorporar a fotógrafos aficionados más allá de las trayectorias, también comporta un valor adicional. La cultura es patrimonio de toda la sociedad, y como tal es necesario que estos espacios y proyectos surjan en cada ámbito de la vida cotidiana.
¿Qué significa para ustedes personalmente haber participado en este proyecto?
Para nosotras es un gran desafío este proyecto. Como investigadoras generamos conocimientos que, por lo general, circulan en ámbitos puramente académicos. Como gestoras culturales sabemos lo difícil que es acceder a espacios de exposición con tanta visibilidad.
Estamos contentas de poder unir ambas facetas, y generar algo que enriquezca a los usuarios.
¿Qué relación tienen con el Subte en su día a día y cómo influyó en la curaduría?
Ambas somos usuarias del Subte. En el caso de Ana, además, investiga sobre la relación entre el ferrocarril y la imprenta en Argentina y los cambios en la cultura visual. Cecilia, por su parte, es especialista en fotografía y archivos. Ambas somos conscientes del cambio que significó el ferrocarril subterráneo en Buenos Aires y de la potencia que tiene como tecnología de transporte y comunicación, y es algo de lo que quisimos mostrar, tanto en la convocatoria como en la selección de las obras expuestas.
Si tuvieran que elegir una palabra o una imagen que resuma la muestra, ¿cuál sería?
Quizás dos palabras: Experiencia significativa. Porque genera nuevos conocimientos, sensaciones e impacta en nuestros modos de comprender la fotografía y el objeto de trabajo, en este caso: el subte. El gran desafío es que la muestra en el espacio público sea también para los usuarios una experiencia que los interpele.


