Estela Murad
Estela Murad, Jefe de calidad de Aguas Cordobesas, detalla los rigurosos procesos y desafíos que enfrenta la empresa para asegurar agua potable segura a toda la ciudad de Córdoba.
Estela Murad, Jefe de Calidad de Aguas Cordobesas.
redacción roggio futuro

Desde Aguas Cordobesas realizamos  más de 50.000 análisis anuales para garantizar la calidad del agua. El monitoreo abarca desde el agua cruda, pasando por todas las etapas del proceso de potabilización, hasta la red de distribución. Los controles incluyen análisis bacteriológicos, biológicos, fisicoquímicos y orgánicos, con especial énfasis en los bacteriológicos por su impacto sanitario.

El proceso de muestreo está completamente sistematizado: cada día (durante todo el año) los analistas siguen una hoja de ruta digitalizada que especifica los puntos de control y las muestras a tomar. Las muestras, identificadas de manera unívoca, se procesan en el laboratorio y los resultados se cargan en un sistema centralizado. Supervisores y responsables de área validan los datos antes de elaborar los informes de calidad.

Frente a situaciones como incendios, lluvias intensas o proliferación de algas (bloom de fitoplancton), intensificamos los controles y adaptamos los procesos de tratamiento. Por ejemplo, ante la presencia de geosmina (que altera sabor y olor) o microcistina (toxina), se refuerzan los análisis específicos y se ajustan los procedimientos tanto en la planta como en la red de distribución.

Desde la empresa implementamos tecnologías innovadoras como filtración por membrana para el recuento rápido de fitoplancton y la técnica SPME para análisis de compuestos orgánicos, que reduce el uso de solventes y agiliza los procesos. Además, el uso de tablets en los laboratorios móviles permite registrar datos en tiempo real, optimizando recursos y reduciendo el uso de papel.

Murad destaca la importancia de mantener la acreditación bajo la norma ISO/IEC 17025 y de coordinar estrechamente con las áreas de producción y distribución para anticipar y resolver cualquier desviación en la calidad. La pandemia representó uno de los mayores desafíos recientes, obligando a reorganizar equipos y esquemas de trabajo para garantizar la continuidad de los controles sin exponer al personal.

La gestión de calidad está alineada con la optimización de recursos y la reducción de residuos. Se trabaja constantemente en minimizar el uso de solventes y papel, y en mejorar la eficiencia de los procesos para contribuir al cuidado ambiental.

El deterioro de la calidad de las fuentes de agua, especialmente por las floraciones de fitoplancton, exige anticipación y capacidad de adaptación. El principal reto es detectar a tiempo estos eventos para ajustar los procesos y garantizar la seguridad del suministro a la población. “El mayor aprendizaje es la importancia del trabajo en equipo y de grupos interdisciplinarios. Cuando cada uno aporta su conocimiento y todos se unen con un objetivo común, los logros se alcanzan”, concluye Murad”.

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