“Yo no soy runner: corro por recreación, para hacer actividad física, pero sobre todo para ejercitar la mente. Corro para encontrarme conmigo misma y tener largas conversaciones con mi otra yo. Por eso, una vez o dos veces por año, me propongo correr alguna maratón. Me gusta ponerme el objetivo, prepararme y llegar a la meta”.
Valeria Fenoglio, abogada e integrante del Departamento de Legales de la empresa, habla de algo que la moviliza y se testimonia en el deporte, aunque es mucho más amplio que eso: se trata de ponerse objetivos, prepararse, ofrecer el compromiso y el máximo esfuerzo para alcanzarlo.
Con esa determinación se preparó para correr la Maratón de 21k de Buenos Aires. Entre las obligaciones diarias y las responsabilidades, fue generando el espacio para embarcarse en el proyecto que relaciona la planificación, el esfuerzo y la disciplina para llegar a una instancia de satisfacción absoluta.
Sin embargo, a veces, hay situaciones que se nos escapan y provocan que el camino tenga algunos obstáculos. Como ella afirma: “Que en la vida las cosas no se dan tal cual uno las planea, no es ninguna novedad reveladora. Y que hay veces en que las dificultades se presentan todas juntas, tampoco”. De eso se trata esta historia, que habla del desafío de creer en uno mismo, encontrar la manera de desarrollar fortalezas e ir siempre para adelante.
Más allá de los kilómetros
Valeria se inscribió en los 21K de Buenos Aires para repetir la experiencia vivida el año pasado. Este año, con la particularidad de compartirla con una amiga que vive en Bariloche: juntas, salieron a las calles de la ciudad y se mezclaron con las 28 mil personas que participaron de la prueba.
Tres meses de entrenamiento, fueron la base para transitar la cuenta regresiva hacia el día de la carrera. Entre los nervios, la adrenalina y la emoción, “Vale” tenía el foco puesto también en una lesión que sufre en el pie izquierdo y ponía en duda su condición para correr. “No sabía si iba a poder”, explica. Encima, para darle un toque más dramático a la espera, llegaron los imprevistos: la reprogramación de su vuelo a BA, dos cancelaciones y la angustia a mil…
Fenoglio cuenta que, ante la imposibilidad de viajar, fue a realizar un trámite a un centro comercial y le robaron el bolso que tenía en el auto para viajar ese día. O sea, se quedó sin sus pertenencias: lo que más lamentó fue el calzado, porque eran “zapas” de alta competencia y las había usado para entrenar.
“Desahuciada por todo lo acontecido, resolví seguir adelante con el viaje y saqué un nuevo pasaje aéreo para ir el sábado, el día previo a la carrera. ¡Me reprograman el tercer vuelo! En vez de volar el sábado por la mañana, me lo pasaron para el sábado por la tarde: el avión salió, pero demorado y llegué a Buenos Aires a retirar el kit para la carrera a las 17.40, cuando el horario límite era las 18”.
Cuando por fin tuvo en sus manos el kit de la competencia, salió en busca de unas calzas y una remera térmica. No era por antojo, sino por necesidad: las que poseía habían desaparecido en manos del ladrón. Esa pérdida, que hubiera podido ser el pretexto perfecto para rendirse, se convirtió en otro obstáculo, uno más de los tantos que ya llevaba sorteados. Después fue al alojamiento y unas horas más tarde, su amiga arribó desde Bariloche. Allí sintió que había ganado la primera batalla: llegar entera hasta ese punto.
Contra todo pronóstico
La vida, como las carreras, rara vez se ajusta a lo que se planifica. Ella lo repite una y otra vez como un mantra: la experiencia se lo hizo saber. Correr es también entrenar la mente para aceptar lo inesperado, hacer de la constancia una aliada y de la tenacidad, un refugio. “Correr nos hace ser constantes, tenaces, comprometidos con una idea y persistir en el esfuerzo para llegar a la meta. A pesar de los altercados, los dolores físicos y el cansancio, siempre hay que ir para adelante, prescindiendo de lo que consideramos imprescindible, en este caso las zapatillas de runner, ya que corrí con otras”, cuenta Valeria, convencida de que lo esencial estaba en otra parte: en la decisión de avanzar.
Con todo lo narrado, Valeria empieza a repartir sonrisas y su mirada color de cielo se enciende. “Logré correr mi tercer 21K y obtuve mi mejor tiempo”, dice feliz. Además, compartió la carrera con su amiga entrañable y se fortaleció con todas las dificultades que se presentaron en el camino.“Esta carrera me dejó la enseñanza de que hay que practicar y entrenar con más ahínco el desapego. Al igual que cuando realicé el cruce de Los Andes a caballo y estuve una semana durmiendo a la intemperie sin equipaje, nada más que con lo elemental, te das cuenta que consideramos imprescindibles muchas cosas que no lo son”, reflexiona.
Aprender y valorar lo que tenemos. Llegar a la meta con la piel erizada de tanta satisfacción, es el broche de una experiencia movilizadora. Valeria se llena los pulmones para contar que, por ejemplo, mientras corre y dialoga con ella misma, encuentra muchas respuestas que busca todos los días y suelen ser difíciles de madurar. “Corriendo se destraban muchas cosas”, cuenta.
¿En algún momento pensó en abandonar? El calor, el frío, el cansancio y los dolores ¿pudieron menos que su pasión por alcanzar el objetivo?
“Vale” dice que no se permitió perder el foco y nunca dejó que la desmotivación la superara. “Siempre es preferible que te duela por hacer, que por no hacer”, dijo en el final.
Fenoglio elige cerrar la entrevista con una convicción: “todos pueden correr. Es absolutamente inclusivo. Cuando empezás vas incorporando aire y mejorás. Es un deporte abierto porque no necesitás abono de un club, ni un accesorio en particular. Yo, ni reloj tengo”. Esa manera de ver la carrera y la vida, le pusieron un marco a su experiencia.
Cuando se tienen claros los objetivos, en una maratón y en la vida, ganan aquellos que entregan todo y no se rinden.