José Cristaldo es Coordinador de Administración de Obras y Responsable Administrativo de la Unidad Industrial de Limpio y del proyecto Remanso – Falcón de Roggio Paraguay.
En el universo Roggio, todos lo conocen. Para muchos es el “licenciado Cristaldo” y para otros, simplemente “José”. Su historia dentro de la empresa tiene un recorrido de muchos años y experiencias, con un aprendizaje continuo que lo llevó a lugares desafiantes.
En plena dinámica del obrador de Limpio, José elige el silencio de su oficina para concentrarse entre los papeles y los números, que brotan por todos lados. Hay dos celulares en el escritorio, que se amigan con una computadora que jamás descansa. En la pantalla, aparece un cuadro lleno de casilleros de colores y cantidades en las que se adivinan muchos guaraníes latiendo.
“Mi mejor obra, en la que crecí como persona y profesionalmente, fue en la ruta de Infante Rivarola, en el Chaco, en la frontera con Bolivia, a 782 kilómetros de Asunción”, explica José Cristaldo. Cuenta que era un lugar totalmente inhóspito, en el que no había absolutamente nada. “Puedo decir que, a pesar de que me enfermé y fue sacrificado adaptarse, encontré fuerzas para aprovechar la experiencia y crecer. No hay límites en eso”, destaca. José detalla que la ciudad que se encontraba más cerca era Mariscal Estigarribia, que estaba a prácticamente 220 kilómetros.
Estar en el escritorio, sentado ¿te hace extrañar aquello?
– Sí, ¡muchísimo! La oficina te da comodidad y recursos. Ir al campo es esfuerzo y salir del confort, pero también es enseñanza. Son distancia y carencias, no solo en lo material, sino también en lo emocional. Para trabajar en obra hay que tener muy en cuenta estar en equilibrio, porque lo emocional es muy importante porque, entre otras cosas, estás lejos de la familia. Tu hija puede estar en el médico, con fiebre, y vos desde 700 kilómetros no podés hacer demasiado… Te perdés cumpleaños, fiestas, reuniones… Por eso, si hubiera una palabra que resume el elemento más fuerte de trabajar en la obra es familia.
Ir al campo es esfuerzo y salir del confort, pero también es enseñanza. Para trabajar en obra hay que tener muy en cuenta estar en equilibrio, lo emocional es muy importante porque, entre otras cosas, estás lejos de la familia. Por eso, una palabra que resume el elemento más fuerte de trabajar en la obra es familia.
El desafío de ser papá
Ahora ya sos abuelo pero ¿Cómo era trabajar en Roggio y ser papá?
– Siempre es un desafío, porque las condiciones son muy exigentes. Pero también significa una oportunidad de crecer y aprender. El sentido de pertenencia que nos inculcan es muy fuerte. Debemos atender las responsabilidades en el trabajo sin perder de vista que tenemos hijos para guiar. Una de las claves es mantenernos sensibles para aprender y adaptarnos.
¿Cómo se organiza la vida de un padre cuando trabaja en obra?
Lo fundamental es el apoyo de la familia. Sin eso, no es fácil estar bien en lo emocional y ser eficientes en el trabajo. A veces cuesta muchísimo, porque la prioridad es la responsabilidad de guiar a nuestros hijos. Pero también lo es atender las obligaciones laborales, porque la empresa confía en nosotros.
¿Cómo te llevás con la responsabilidad de ser ejemplo de los hijos?
– Me revuelve el estómago cuando veo a un papá que sale a robar con su hijo… O cuando van juntos a la cancha e insultan uno al lado del otro… El ejemplo es mucho más disciplinador que cualquier cosa.
¿Qué significa Roggio para vos?
– Son 25 años de mi vida. Tengo 54 años, es decir que llevo la mitad de mi vida vinculado a la empresa.
¿Qué viste en estos 25 años dentro de la empresa?
– Primero, las personas. Siempre digo que no somos eternos. Y segundo, que la empresa fue evolucionando en procesos e incorporando las Normas ISO, que marcaron un cambio grande. En todos estos años, vimos cómo la tecnología fue acercando herramientas y eso ayudó mucho, sobre todo en el tema de salvar las distancias. Lo más importante es la comunicación. No hay ningún justificativo para no comunicarnos… En 2004 me tocó estar en un equipo que trabajaba lejos, en un lugar inhóspito y teníamos internet: eso me permitía mandar informes y contactarme con mi familia. Hoy las condiciones son mucho mejores.
¿Qué significa trabajar con gente más joven?
– Enseñanza y transmisión de experiencia. A mis colaboradores les digo que lo que puedo transmitirles es la experiencia, el conocimiento que se adquiere. Pienso que me escuchan, porque veo el cambio. Sé que no soy eterno y quiero dejar un legado.
¿Qué es un día bueno?
– Abrir los ojos, levantarme, respirar y saber que tengo que ir a trabajar. Es mi estímulo. Lo agradezco siempre.
El apretón de manos cierra la entrevista. José sonríe para las fotos y regresa a su escritorio, donde los teléfonos y los correos no le permiten distraerse demasiado. Su historia es la historia del esfuerzo de muchos de nosotros.