Los murales del subte porteño narran diez décadas de historia, desde paisajes de España hasta hechos argentinos. Desde 1997, Emova los restaura junto a organismos oficiales.
REDACCIÓN ROGGIO FUTURO

Cada mañana, miles de personas cruzan los andenes del subte porteño sin detenerse a mirar lo que tienen alrededor. Sin embargo, ahí abajo hay más de cien obras de arte que cuentan, sin decirlo del todo, quiénes somos.

Así como las esculturas y los templos griegos revelan hoy el modo en que ese pueblo se relacionaba con el mundo, los murales del subte narran, a su manera, la historia argentina: el trabajo, la soledad, la migración, la industria, el dolor y la esperanza de una identidad en construcción. Son, literalmente, un patrimonio que circula bajo la ciudad.

Diez relatos, un mismo subsuelo

La red de subterráneos de Buenos Aires reúne murales realizados en distintas épocas y con intenciones estéticas muy diversas, pero que pueden agruparse en diez grandes ciclos temáticos:

  • Paisajes de España
  • El progreso del país entre 1830 y 1930
  • Herencia indígena en América
  • Herencia española en América
  • Acontecimientos históricos argentinos
  • Motivos ciudadanos
  • Murales escolares
  • Centro Cultural Recoleta, verano de 1991
  • Murales de artistas consagrados
  • Postales del presente

Entre esos episodios conviven homenajes a las ciudades españolas —reflejo del fuerte vínculo bilateral de la década de 1930— y hechos que marcaron la historia nacional, desde la Reconquista de Buenos Aires y la Batalla de Chacabuco hasta el hundimiento del Crucero A.R.A. General Belgrano. También hay lugar para escenas rurales, el crecimiento industrial y agropecuario del país, y hasta para las heridas todavía abiertas del último cuarto del siglo XX.

En 1997, distintas estaciones del subte fueron reconocidas como testimonio del espíritu cosmopolita de la ciudad y homenaje artístico a las regiones del país y a España. A partir de esa declaración, la gestión de Emova (antes Metrovías)  impulsó, junto con la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos y la Secretaría de Cultura porteña, un programa de restauración de los murales y mayólicas.

El proceso combinó rigor técnico y cuidado artesanal: relevamiento fotográfico y análisis de cada pieza, limpieza de residuos orgánicos y sales calcáreas, reposición de piezas faltantes y, cuando fue necesario, reintegro de las capas pictóricas pérdidas con pinturas epóxicas y poliuretánicas. Una capa final de barniz selló el trabajo, dándole a cada obra una protección duradera.

Cómo se hace un mural cerámico gigante

Detrás de cada mural hay una escuela de oficio. Todo empieza con el diseño original del artista, dividido en una cuadrícula sobre una superficie transparente: cada cuadro pequeño se traslada, ampliado, a la baldosa que le corresponde. Luego el mural completo se arma sobre tablas angostas y separables, que permiten a los artesanos moverse hacia los bordes y unir con precisión los trazos y los colores.

Las obras de la Línea B, realizadas en el verano de 1991 en el Centro Cultural Recoleta, no siguen esa tradición: a diferencia de los murales de las décadas del ’30, construidos por la Compañía Hispano Argentina de Obras Públicas y Finanzas (*),  a partir de la ampliación de un boceto, aquí los artistas dibujaron directamente sobre los cerámicos, a pincel o lápiz, y los completaron con esmaltes. Cada pieza se horneó después entre 700 y 1.000 grados centígrados, según el material, antes de tomar su lugar definitivo en los muros de la red.

Como toda obra de arte, un mural del subte permanece mudo hasta que alguien lo mira. Y en esa mirada —individual o colectiva— aparece la posibilidad de reconocerse: como parte de un pueblo, de una ciudad, de una familia, de una historia.  Quien se detiene, aunque sea un instante, en un andén porteño, encuentra ahí un testimonio intenso de nuestra propia historia, disponible todos los días, a metros bajo la superficie.


(*) La empresa —de capitales españoles— construyó varias líneas del subte porteño en la década de 1930, entre ellas las Líneas C y D (y también participó en la E).

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