La misión Artemis II de la NASA envió a cuatro astronautas a sobrevolar la cara oculta de la Luna y los trajo de vuelta a casa sanos y salvos. La nave espacial Orión funcionó a la perfección y las imágenes captadas por los astronautas han despertado el interés de toda una nueva generación por las posibilidades de los viajes espaciales. Pero siempre hay, en torno a estos temas, muchas curiosidades que nos despierta el no conocer ciertos mundos sin gravedad y hoy vamos a conocer un poco más cómo funciona la basura en el espacio.
Parecería ser que, de acuerdo a los especialistas, el problema tiene dos dimensiones: lo que pasa dentro de la Estación Espacial Internacional (ISS) con los residuos de los astronautas, y los desechos que orbitan sueltos afuera.
Dentro de la ISS:
Los astronautas pueden procesar ciertos residuos en un “reactor de alta temperatura” que los descompone en agua, oxígeno y otros gases reutilizables. El proceso más impactante es el “ciclo hídrico cerrado”: se recicla la orina, el sudor, la respiración y toda la humedad ambiente. La orina se destila al vacío porque no hay gravedad, se filtra, se trata químicamente, se eliminan olores y se desinfecta.
Los residuos sólidos se introducen en una pequeña nave de carga que previamente llegó llena de comida y equipamiento. Una vez descargada, se llena con basura, se desacopla y regresa a la Tierra de manera controlada, pero calentándose tanto que se quema al entrar en la atmósfera.
Durante 2025 un equipo de Benito Roggio Ambiental (BRa) demostró que se podía transformar la basura en una solución innovadora
La basura que orbita afuera (el gran problema):
La Agencia Espacial Europea (ESA) estima que hay unos 900.000 objetos de más de un centímetro sin utilidad orbitando la Tierra. Viajan a más de 28.000 km/h, lo que los convierte en proyectiles peligrosos.
Existe el llamado “Síndrome de Kessler”: un hipotético momento crítico en que los residuos colisionarían entre sí desatando una reacción en cadena, generando nuevos fragmentos que a su vez impactarían de forma sucesiva.
¿Qué tecnologías se están desarrollando?
Durante 2025 un equipo de Benito Roggio Ambiental (BRa) demostró que se podía transformar la basura en una solución innovadora. El proyecto se llamó NBRaINS y fue reconocido por la NASA como uno de los 17 proyectos más innovadores del mundo en el LunaRecycle Challenge, un concurso que busca soluciones para gestionar los residuos en misiones espaciales de larga duración.
La propuesta, desarrollada por especialistas de BRa, apuntaba a algo tan simple como poderoso: reciclar los desechos generados en el espacio –polietileno y guantes de nitrilo, por ejemplo– para convertirlos en filamentos que alimenten impresoras 3D. De esta manera, los astronautas podrían fabricar herramientas y piezas directamente en una base lunar, sin esperar envíos desde la Tierra.
Asimismo la ESA diseñó un satélite capaz de atrapar con una red o un brazo robótico a otros satélites inservibles y hundirlos de forma controlada en la atmósfera. Este proyecto se llama ClearSpace-1.
La basura espacial es, en el fondo, un reflejo fiel de nuestros hábitos terrestres: producimos, descartamos y luego buscamos soluciones. La diferencia es que en órbita los errores viajan a 28.000 km/h y no hay quien los barra. La buena noticia es que la misma creatividad que nos llevó a la Luna está empezando a hacerse cargo del desorden que dejamos en el camino. Proyectos como el NBRaINS de Benito Roggio o el ClearSpace-1 de la ESA demuestran que la sustentabilidad no tiene por qué quedarse en la Tierra. Quizás el próximo gran desafío de la exploración espacial no sea llegar más lejos, sino aprender a irnos sin dejar tanto rastro.