Cada 16 de junio, la Argentina celebra el Día del Ingeniero en conmemoración del nacimiento de Luis Augusto Huergo, el primer ingeniero civil egresado del país. Pero más allá de la efeméride, la fecha invita a una pregunta más profunda: ¿qué significa hoy ser ingeniero o ingeniera en un país como el nuestro? ¿Qué tienen en común un experto en ciberseguridad, una especialista en redes de agua potable y un ingeniero ferroviario, además del título?
Para responderlas, ingenieros e ingenieras de distintas empresas del Grupo Roggio -Emova, Benito Roggio Ambiental, Aguas Cordobesas, Benito Roggio Transporte, Benito Roggio e Hijos y Prominente- compartieron su mirada sobre la profesión, sus desafíos cotidianos y sus certezas de cara al futuro. Sus respuestas, diversas en especialidad y trayectoria, convergen en algunos puntos sorprendentemente firmes.
Una vocación que va más allá del cálculo
La primera coincidencia entre todos los entrevistados es contundente: la ingeniería no es solo una profesión, es una forma de pensar y de estar en el mundo. Guido Ambrosio, Gerente de Ingeniería de Emova e ingeniero mecánico especializado en la industria ferroviaria, lo expresa con claridad cuando dice que la ingeniería es “un punto de confluencia donde toda mi historia se cristaliza”. No habla de fórmulas ni de planos: habla de identidad.
Para Gabriela Ledesma, Líder de Análisis Funcional en Prominente con 25 años de trayectoria -desde el análisis de sistemas hasta la gestión de equipos-, la ingeniería se resume en tres verbos: resolver, crear y construir. “Con los años entendí que termina formando parte de uno”, dice. Y agrega algo que varios repiten de distintas maneras: la ingeniería no se apaga cuando uno sale de la oficina.
Si hay un rasgo que todos los entrevistados mencionan es la capacidad de adaptación del ingeniero argentino. No como un cliché patriótico, sino como una competencia genuinamente forjada a fuerza de trabajar con recursos limitados, plazos ajustados y contextos económicos en permanente cambio.
Pérsico lo formula con precisión: “trabajamos con recursos y plazos limitados, además de enfrentar escenarios muy cambiantes. El ingeniero argentino es muy versátil, por eso somos muy valorados también en el exterior”. Ambrosio lo llama “identidad cultural” y lo describe en términos que podrían sonar a manual de innovación, pero que en su boca suenan a experiencia acumulada: “creatividad, resiliencia y tenacidad son nuestra distinción”.
“La ingeniería no es solo una profesión, también es una forma de pensar. Con los años entendí que termina formando parte de uno: siempre estamos analizando situaciones, buscando soluciones y pensando cómo hacer mejor las cosas.”
Gabriela Ledesma – Líder de Análisis Funcional. Prominente
Ricardo Pérsico, Jefe de Ofertas y Licitaciones de Benito Roggio Transporte, llegó a la ingeniería ferroviaria desde la electrónica. Lleva 17 años desarrollándose en el ámbito metro-ferroviario y define su profesión como una combinación de técnica, creatividad y gestión. “Me permitió ser parte de proyectos que generan impacto real en la vida de las personas”, dice.
Karen Carrara, Ingeniera Civil de Aguas Cordobesas que actualmente se encuentra finalizando su especialización en Ingeniería Sanitaria, lo describe desde un ángulo más cotidiano: “los ingenieros tenemos la capacidad y el criterio para encontrar soluciones a las problemáticas que surgen en nuestro entorno”, sin dejar de reconocer que, además, la profesión le dio “un montón de amigos y compañeros increíbles”.
Emiliano Prieto, de Benito Roggio Ambiental, suma una dimensión que varios comparten: con el tiempo, la ingeniería dejó de ser solo resolución de problemas técnicos para convertirse en liderazgo de equipos y gestión de proyectos complejos. Ingeniero industrial de formación, hace más de 15 años coordina equipos multidisciplinarios —civiles, ambientales, mecánicos, eléctricos, químicos— para el desarrollo de proyectos que exigen traducir la complejidad técnica en soluciones ejecutables. “Los verdaderos motores de la ingeniería son las personas”, concluye.
El sello argentino: ingenio en contextos adversos
Si hay un rasgo que todos los entrevistados mencionan es la capacidad de adaptación del ingeniero argentino. No como un cliché patriótico, sino como una competencia genuinamente forjada a fuerza de trabajar con recursos limitados, plazos ajustados y contextos económicos en permanente cambio.
Emiliano Prieto reconoce sobre la ingeniería argentina que “el principal diferencial radica en la resiliencia y la flexibilidad operativa frente a la incertidumbre. La solidez de la formación académica, sumada a un contexto económico y social históricamente cambiante, forja un perfil profesional con una capacidad de adaptación, resolución y creatividad muy valorada en el mercado.”
Ambrosio lo llama “identidad cultural” y lo describe en términos que podrían sonar a manual de innovación, pero que en su boca suenan a experiencia acumulada: “creatividad, resiliencia y tenacidad son nuestra distinción”.
“Trabajamos con recursos y plazos limitados, además de enfrentar escenarios muy cambiantes. El ingeniero argentino es muy versátil, por eso somos muy valorados también en el exterior”.
Ricardo Pérsico. Benito Roggio Transporte
Carlos Tapia, Líder de Seguridad Informática en Prominente, trabaja en un campo donde los contextos cambian a velocidad inusitada: las amenazas cibernéticas evolucionan constantemente y las organizaciones deben adaptarse en tiempo real. Para él, el diferencial argentino está en “combinar conocimiento técnico, creatividad y pragmatismo para alcanzar resultados” incluso cuando las condiciones no son favorables.
María Emilia Fernández, que trabaja en extensión de redes de agua potable en Aguas Cordobesas, agrega otra arista: “siempre estamos buscando soluciones eficientes técnicamente, con la menor inversión posible, ya que en todos los ámbitos el factor económico es condicionante”. Una frase que, dicha por alguien que lleva años llevando agua potable a nuevas redes, pesa diferente.
La ingeniería como motor de transformación social
Más allá de la infraestructura visible —puentes, redes, sistemas—, los entrevistados coinciden en que la ingeniería tiene un rol social que muchas veces queda invisible. José Manuel Vázquez, Gerente de Ingeniería y Presupuestos de la empresa constructora Benito Roggio e Hijos SA lo sintetiza bien: es la disciplina que “explicita los cambios y transformaciones que experimentamos los seres humanos y nuestro entorno”. Fernández lo aterriza en lo cotidiano: “dependen de la ingeniería las obras de infraestructura necesarias para mejorar la calidad de vida de las personas. Estas obras impactan directamente en el bienestar de la sociedad”.
Carrara lo amplía desde su especialidad en ingeniería sanitaria: la ingeniería abarca “desde la planificación estratégica de los recursos —que permite tomar decisiones y priorizar necesidades— hasta la resolución de situaciones operativas cotidianas, como por ejemplo, la configuración de un sistema de bombeo en una estación elevadora de agua potable”. Y agrega una dimensión: “es fundamental considerar el cuidado del ambiente en todas las etapas de la ingeniería”.
“La ingeniería no es solo una disciplina técnica, sino una forma y un mecanismo de transformación social y económica. No se trata solo de infraestructuras o tecnologías, sino de pensar con criterio, planificar con visión y ejecutarlo de manera eficiente.”
Emiliano Prieto. Benito Roggio Ambiental
Tapia, desde la ciberseguridad, suma un ejemplo que ilustra cómo la ingeniería permea ámbitos que hasta hace poco parecían ajenos a ella: “la transformación digital, donde la ingeniería cumple un rol clave para que las organizaciones evolucionen, innoven y generen valor”. Proteger los datos de una empresa de agua o de una concesionaria de transporte también es ingeniería. También es infraestructura. También es calidad de vida.
El futuro: sostenibilidad, tecnología y nuevas generaciones
En las miradas sobre el porvenir aparecen tensiones honestas. Pero la mayoría mira hacia adelante con un optimismo que no es ingenuidad sino diagnóstico. Ledesma señala que tecnologías como la inteligencia artificial, la automatización y el análisis de datos “están cambiando la forma en que trabajamos, nos comunicamos y tomamos decisiones”, y que el desafío para los ingenieros será “incorporar estas herramientas de manera inteligente para generar más valor”. Tapia, desde su especialidad, coincide: “la transformación digital, la inteligencia artificial y la ciberseguridad están generando nuevas demandas y espacios de crecimiento”.
“Los ingenieros del mañana no deberán capacitarse únicamente como ejecutores técnicos, sino que deberán prepararse como gestores de resiliencia y sostenibilidad, con las capacidades necesarias para desarrollarse en escenarios de alta volatilidad económica”, coincide Emiliano Prieto de Benito Roggio Ambiental.
Carrara apunta a los grandes desafíos regionales en materia de gestión del agua, saneamiento y ambiente como el terreno donde la ingeniería deberá demostrar su valor más estratégico: “estos ejes nos exigen ser cada vez más eficientes y sustentables, dejando de pensar en soluciones aisladas para adoptar una visión integral”. Pérsico suma la modernización de infraestructura y la movilidad sostenible como áreas de enorme demanda técnica en los próximos años, tanto en Argentina como en la región. Y Vázquez, fiel a su estilo directo, cierra con claridad: “tenemos un gran futuro si sabemos aprovechar las oportunidades que se nos presentan, dada la gran demanda de nuestros recursos naturales”.
Ambrosio, que además de ingeniero es docente universitario y convive diariamente con la próxima generación de profesionales, deposita su confianza en quienes vienen. “La curiosidad, el compañerismo y la creatividad de nuestros estudiantes no me caben duda que aportan un valor extraordinario a la ingeniería argentina”, dice. Y Ledesma tiene un mensaje directo para quienes están considerando este camino: “comiencen a pensar como ingenieros desde el primer día: sin miedo a crear, a proponer soluciones y a buscar constantemente nuevas formas de hacer mejor las cosas”.
En un país que frecuentemente demanda soluciones creativas ante restricciones reales, la ingeniería no es solo una carrera. Es, como repiten quienes la viven, una identidad. Y a juzgar por estas voces, una identidad que el Grupo ROGGIO lleva en cada proyecto que construye, conecta, protege y sostiene.
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