Por Eduardo Eschoyez (*)
La melodía rítmica de 30 o 40 Olivetti juntas conformaba un universo muy particular, con ritmos, urgencias, imágenes y testimonios, mezclados en golpeteos que inventaban historias con cada palabra que iba reflejándose en el papel. La redacción del diario La Voz del Interior, en Córdoba, era una escuela de formación en la que convivían periodistas con carreras consagradas y jovencitos, como aquel que fui en 1986. Volvía de mi primera cobertura, emocionado por tanta cosa para contar, saludé y me pidieron una nota con “un título de 2 x 30 y un texto de 30 líneas”.
No había Google: los escritorios estaban todos ocupados, con las teclas hirviendo entre tantos periodistas apurados y concentrados, y no me daba para interrumpirlos. Mi atrevimiento se había agotado en la cancha en la que estuve, cuando pregunté cómo iban a formar los equipos… Me senté en un escritorio retirado, que me permitía pensar y esconder mi pudor. Estuve un largo rato mirando mi libreta y las hojas llenas de garabatos, tratando de entender qué tenía que hacer porque a eso, y a otras cosas, no las había aprendido en la facultad. Don Ángel Stival, el jefe, se dio cuenta y se arrimó con aire paternal para salvarme. Así empecé, intentando transformar en palabras el triunfo 1-0 de Huracán de La France sobre Las Palmas, por la Liga Cordobesa de Fútbol, en una tarde tibia de la primavera de 1986. Poco glamour, mucho olor a linimento y mil dudas rondando la cabeza. Sentí, como le pasa al boxeador, que me sacaron hasta el banquito. Pero me encantó el desafío y arranqué. Palabra por palabra, hasta que llegó la felicidad de entregar la hoja e irme a mi casa tocando el cielo con las manos.
La camiseta deja de ser una prenda deportiva y se transforma en una bandera emocional. Y en ese escenario los jugadores dejan de ser individuos para convertirse en representantes de algo más grande. A veces, alejados del rol de protagonistas que deberían tener y aceptando contextos que los afectan. Si la FIFA programa partidos al mediodía deben jugar al mediodía. Si hace mucho calor, todo se resuelve con el cooling break (pausa de hidratación). Si hay riesgo de tormentas eléctricas, a esperar el tiempo que haga falta para jugar cuando se alejen los rayos. No hay espacio para reclamos. Ni de los futbolistas ni de los hinchas, que pagan cifras astronómicas para ser parte de la fiesta, cada vez menos popular.
Tenía 21 años… Fui el ingresante más joven en toda la historia del diario. Pasé de las aulas a la cancha, como si fuera de un club regional al Real Madrid. Hoy el mundo, mi mundo es diferente y en el radar está el Grupo Roggio. La pasión por la profesión se reparte con el desafío de desarrollar la Comunicación Institucional en la empresa Benito Roggio e Hijos en Argentina y Paraguay, recordando también la experiencia enriquecedora de Roggio en Panamá. Muchos viajes, un teléfono que nunca descansa, la libreta siempre lista para arrancar nuevas historias y la certeza de que a las personas les pasan cosas y merecen ser contadas.
Entendí que podía hacer periodismo interno, con un público diferente al que conocía, pero igual de desafiante. Comprobé que la comunicación, con otra narrativa, podía ayudar a estimular algo tan valioso, como el sentido de pertenencia.
La página en blanco
Me une al periodismo una historia de amor y de pasión, que no ha terminado. Pude seguir aprendiendo desde adentro, en varios medios de comunicación y siento vivo el fuego en el estómago cada vez que enfrento el desafío inicial, que es el de siempre: transferir el pensamiento a la hoja, hoy evolucionada como una pantalla. El “bloqueo de la hoja en blanco” significa traducir la catarata de ideas que pasan por la cabeza y necesitan una orfebrería de palabras para fluir, con forma y entidad. Me pone en movimiento encontrar las palabras para transmitir emociones. El periodismo, el fútbol y la vida, tienen un equilibrio entre precisión y velocidad. Si tenemos precisión sin velocidad, nos volvemos lentos y previsibles; mucha velocidad sin precisión nos obliga a una pausa que ordene y clarifique. Hoy, sobre todo con la influencia de las redes sociales, en la construcción de los mensajes parece más importante la velocidad que la precisión.
La llegada a BRH
La pasión por el periodismo empezó a apagarse de la mano de la improvisación y la falta de respeto profesional, que se ve con mucha claridad en los últimos años. Fui quedándome sin combustible y no quise ser parte del deterioro de una profesión que fue perdiendo valores para caer en lo que vemos: es una actividad en la que cualquiera se anima a jugar a ser periodista. La formación, el respeto y los códigos dejaron de ser importantes.
En eso estaba, en una época de replanteos, cuando apareció la invitación a Roggio, a través de Daniel Libiedzievich (ex Gerente de Administración y Finanzas de la empresa cosnstructora). Me abrió las puertas, confió en mí y empezamos a trabajar en la comunicación interna. Cuando entendí que se trataba de contar lo que hacíamos y salvar la dispersión geográfica, me encantó y acá estoy: ¡hace ya 15 años!
Desde entonces, tomé distancia del periodismo como actividad exclusiva para salir de la zona de confort y buscar otra forma de narrar, sin perder el estilo ni la esencia. En BRH usé lo que aprendí en la prensa y lo aplico en la comunicación corporativa: intento una mirada periodística, que considera contexto, jerarquía y sentido.
Reconozco que cuando ingresé a Roggio, tenía cierta desconfianza porque venía de un ambiente muy diferente y los desafíos corren por caminos diferentes. Lo acepté con gusto porque quería un aire nuevo y salir de un ambiente tóxico. Y aunque todo este tiempo he seguido vinculado al periodismo (hoy en Radio Suquía), mi lugar en el mapa es corporativo.
El 22 de diciembre de 2010 marcó el inicio formal en Benito Roggio e Hijos. El punto de inflexión en la empresa llegó otra vez con el fútbol. Mis compañeros jugaban un partido después de la oficina y ese día no pude estar porque salía corriendo para sentarme en un estudio de radio. Al otro día, escribí una nota para nuestro portal, en tono de broma, sobre un partido que imaginé. El texto llegó a manos del entonces Gerente General, el ingeniero Esteban Rabsiun: reconoció que le causó mucha gracias el texto y me pidió que no dejara de escribir así. Fue en los primeros meses de 2011. Entendí que podía hacer periodismo interno, con un público diferente al que conocía, pero igual de desafiante. Comprobé que la comunicación, con otra narrativa, podía ayudar a estimular algo tan valioso, como el sentido de pertenencia.
Historias a plazo fijo
Trabajar en la Comunicación Institucional me permitió aprender. Tuve que sacarme el “piloto automático” que se generó con tantos años en la prensa. No dejé de ser periodista, sino que cambié el escenario y me configuré de otra manera. Desde el primer momento dentro del ambiente corporativo, noté que las obras eran historias a plazo fijo y allá fui: comencé a recorrerlas, auscultar las caras de la gente, descubrir las emociones… La prensa interna necesitaba insumos. Y los insumos de mayor calidad estaban y están en los proyectos. Fotografiar todo, preguntar, escuchar, mirar. Fui encontrando páginas silenciosas que esperaban ser descubiertas. Hoy, junto con mi compañero Marcos Villalobo, seguimos contando lo que vemos. Hay una maquinaria que se refleja en las redes, en las herramientas internas y la gente está informada con otra dinámica.
Con mucho orgullo, puedo decir que los 40 años en el periodismo, incluyendo los últimos 15 siendo parte de Roggio, fueron de crecimiento. Ahora convivo con la adrenalina de un modo diferente y encontré tiempos para pensar la comunicación, que en la prensa no existen porque todo es a los apuros. Roggio me enseñó a educar la pasión y recuperar la alegría por la profesión. Además, asumí el desafío de hablar con profesionales que son expertos en otros rubros y dan cátedra sobre asfalto, puentes, rutas, números, gestiones comerciales y tienen la generosidad de escucharme sobre algún tema de comunicación que afecta sus actividades. A los comunicadores jóvenes, que caen en la tentación de saltar etapas en la formación y dejarse arrastrar por las redes sociales, les digo que estudien, se capaciten y nunca pierdan la habilidad de escuchar, porque es escuchando como se evoluciona. Nunca pasa de moda manejarse con respeto por la profesión y por el conocimiento.
(*) Periodista especializado en Deportes y Comunicador Institucional.
– Redactor y editor del diario La Voz del Interior, de Córdoba, desde 1986 hasta 2007.
– Columnista en el diario La Mañana de Córdoba, entre 2008 y 2010.
– Columnista en diferentes programas en Radio Universidad (1994 a 1996), Radio Mitre (2006 a 2010), Canal 10 (1990 a 1992), web de Radio Suquía (2016 hasta la actualidad) y Canal Showsport (1997 a 2001).
– Colaborador de la Revista El Gráfico (1992 y 1993).
– Comentarista en las transmisiones de fútbol en Canal 8 (1993), Radio Universidad (1994), Radio Mitre (2007 a 2009), Radio Sucesos (2009 a 2010) y Radio Suquía (desde 2016 hasta la actualidad).
– Docente en diferentes talleres y carrera de Periodismo Deportivo en la Universidad Nacional de Córdoba y escuelas privadas de periodismo (1992 hasta 2006).
– Expositor en múltiples charlas y congresos.
– Conductor en múltiples celebraciones institucionales y entregas de premios.
– Conductor y columnista en congresos de Periodismo Deportivo.
– Ganador de múltiples premios.
– Responsable de Comunicación Institucional en Benito Roggio e Hijos SA (desde 2010 hasta la actualidad), Benito Roggio Panamá (2011 a 2016) y Benito Roggio Paraguay (desde 2016 hasta la actualidad.